4 sept 2009

'Me desespera hacer un experimento aquí'.

MADRID.- A sus 48 años tiene los ojos llenos de curiosidad. Tal vez los globos que vendía de pequeño le obligaron a mirar al cielo, y una vez allí a hacerse preguntas. Inquieto a la vez que pragmático. Esas dos cualidades le llevaron de Hellín, su pueblo natal, a Italia, y más tarde a Alemania, Inglaterra y finalmente Estados Unidos, sin abandonar completamente España. Y todo para conseguir respuestas. Y soluciones. Sin embargo, aunque sus deseos se dirijan al lugar donde se escapan los globos, sus pies siguen firmes en la tierra, y reconoce que todavía falta mucho para que su sueño, curar enfermedades con células, sea una realidad.


Juan Carlos Izpisúa lleva media vida dedicado a la investigación. A caballo entre el laboratorio del Salk Institut en La Jolla, California, y el del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB) no entiende la ciencia sin la colaboración internacional y las aportaciones de diferentes disciplinas como la física, la química, la medicina… Empeñado en comprender la biología celular, pasa unas 15 horas diarias en su laboratorio. Las próximas semanas este alicantino dará mucho que hablar ya que tiene a la espera de su publicación varios trabajos que generarán avances en esta área de la ciencia.


Pregunta. ¿Cómo ha cambiado la investigación en terapia celular en España en los últimos 10 años?


Respuesta. El punto de inflexión lo situaría hace cuatro o cinco años, cuando Ana Pastor, la por entonces ministra de Sanidad, decide que había que apostar por las células madre. Creo que fue una decisión valiente, no exenta de controversias y con la que todos debemos estar muy agradecidos. En paralelo, algunas comunidades autónomas apostaron fuerte por esta investigación. En Cataluña, por ejemplo, el apoyo de la consejera de Salud, Marina Geli, ha sido fundamental. Sin querer herir sensibilidades, en España se han producido pocos avances. Los logros en medicina regenerativa vienen más bien de fuera. Los logros en medicina regenerativa, en investigación básica, vienen de fuera. Esto no quiere decir que se estén haciendo las cosas mal. Es normal que haya un tiempo de rodaje. El problema quizás es que se ha intentado democratizar la ciencia, y lo que habría que hacer es favorecer la ciencia de excelencia, apoyar todo lo que se pueda a quienes realmente están haciendo algo, porque no hay dinero para todos. Si se reparte el dinero tocamos a poco y entonces no eres relevante a nivel internacional, puedes hacer algo en el entorno nacional pero no ser relevantes internacionalmente porque es muy difícil competir, porque cada tres días aparecen nuevos trabajos. Hay que ser más selectivos. Los avances aquí son más bien escasos.


P. ¿Se ha planteado volver a España?


R. Bueno, estoy trabajando en España, pero parcialmente. La investigación ahora ha cambiado muchísimo. Un investigador encerrado en su laboratorio puede conseguir poco. Tienes que estar conectado a nivel mundial. Y esa conexión la puedes hacer o físicamente o por teléfono, o por Internet. Estar al lado de otras personas que te dan ideas con las que puedes discutir es fundamental. Esta es una situación que se está extendiendo más y más. En nuestro campo te puedo dar el ejemplo de cinco o seis investigadores que tienen laboratorios en dos continentes, por ejemplo Yamanaka, que está en Japón y California. Creo que si estuviera solamente aquí estaría buscando trabajar fuera y la prueba está en que nos va bien de esta manera. No es fácil. Pero estoy convencido de que esta colaboración es buena, y un ejemplo es el trabajo que estamos haciendo con el CIEMAT sobre la anemia de Fanconi. En ese proyecto estamos involucrados varios grupos de Madrid, Barcelona, San Diego. Necesitas comunicarte, necesitas trabajar con otros laboratorios.


P. ¿Trabajo bajo normas internacionales comunes o trabajo individual?


R. La creatividad individual es lo que al final hace avanzar. No quiere decir que esté reñido con la colaboración global. Otra cosa es que puedas disponer de gente y de recursos de otros centros. Yo defiendo la interdisciplinariedad. Mis trabajos mejores han sido gracias a los colaboradores que he tenido al lado que trabajaban en campos distintos, a los que cuando les he contado mi problema me han ayudado a pensar de otra manera para hacer el experimento al que hemos llegado al final. La colaboración es siempre buena, no a nivel global porque esto genera retrasos con papeleos y burocracia, la creatividad individual no va por ahí.


P. ¿Aplicar las células madre embrionarias en terapias humanas sigue siendo un sueño?


R. Yo siempre lo he visto lejos. Si bien con la aparición de las iPS (células de pluripotencialidad inducida), uno podía pensar que se podría pasar rápidamente a la clínica, hemos descubierto cosas que nos hacen ver que todavía falta mucho. Estas células producen cáncer. Sabemos cómo hacerlas multipotentes, pero no entendemos por qué es así. Tampoco comprendemos su capacidad de renovación. Al final, obtenemos algo muy parecido a una célula cancerosa y, obviamente, es inaceptable introducir una célula así en un paciente. Espero que sólo tengamos que entender el ciclo celular en una célula madre, y que no sea tan complejo como comprender el proceso de proliferación descontrolada del cáncer. Pero puede ser que no. En mis sueños soy optimista, pero, en la realidad, soy más cauteloso. Es verdad que se ha avanzado mucho, y que hoy podemos empezar a hablar con los clínicos, y eso, hace dos o tres años, parecía ciencia ficción. Pero de ahí a curar, todavía falta tiempo.


P. ¿Y no es más fácil apostar por las células madre adultas para aplicarlas como terapia frente a algunas patologías?


R. Sin lugar a dudas. El ejemplo es el sistema hematopoyético de la médula ósea, que desde hace muchos años está demostrado que es eficaz y seguro. Pero es muy difícil que las células madre adultas puedan utilizarse con la misma potencialidad que las embrionarias tienen. En primer lugar, si en las células adultas existe una mutación, primero tendrás que corregirlas antes de utilizarlas. En cambio, la célula embrionaria es un niño que puede llegar a ser de mayor lo que quiera ser.


P. ¿No se pueden estar precipitando algunos clínicos al realizar ensayos con células madre adultas en pacientes?


R. Circulan argumentos sobre que con las células adultas se ha avanzado más que con las embrionarias. Y eso es falso. Todavía no se ha podido demostrar que las células madre adultas sirvan para curar enfermedades. Se han empezado a hacer ensayos y habrá algunos resultados prometedores, aunque menos prometedores de lo que algunos piensan. Porque tampoco de las adultas se conocen muchas cosas y ellas también tienen la capacidad de renovarse, por lo que el problema del cáncer también está presente. Desde mi punto de vista de investigador básico, me da la impresión de que se están realizando experimentos en clínica que no se deberían estar haciendo. Obviamente habrá todos los controles, y todos los porqués se habrán estudiado muy bien. Pero no creo que estemos cerca de realizar ningún ensayo con una prospectiva de éxito más o menos alta. Creo que se están dando palos de ciego. Aunque puedo estar totalmente equivocado. Pero es que nos arriesgamos a que la percepción pública de estos ensayos de alguna manera frene el desarrollo más rápido de esta tecnología. Porque la opinión pública también cuenta sobre dónde se dirigen los fondos. El desarrollo inadecuado de una tecnología puede conllevar a la ralentización del desarrollo real de la misma. No estoy diciendo que los ensayos clínicos que se están llevando a cabo sean erróneos porque desconozco todos los parámetros, aunque a mi modo de ver lo son porque se desconoce tanto de lo que es capaz de hacer o no hacer una célula que primero tendríamos que estar más tiempo en el laboratorio.


P. ¿Debería España imitar la actitud de Obama al apostar por la ciencia al creer que ésta puede ayudar a Estados Unidos a salir de la crisis?


R. Al igual que en Estados Unidos, la inversión en investigación también podría ser una solución apropiada. Desconozco si esto es posible, pero me pregunto por qué no. Es la misma crisis a nivel global. Por qué no invertir en ciencia en España. Creo que sí hay una voluntad extraordinaria de cambiar las cosas en el Ministerio de Ciencia e Innovación, en un plazo relativamente corto de tiempo se ha producido una colaboración internacional que nos va ayudar a los investigadores españoles a tener una relación con otros grupos de otros países que yo creo que es fundamental. La voluntad está ahí, pero me preocupa el tiempo que tardan las cosas en este país, la burocracia que lleva el que algo ocurra. Me parece que quizás ese tiempo está en desfase. Lo he comprobado a lo largo de estos años, con las distintas personas que han pasado por el ministerio, nunca he visto a nadie que dijera que no, al contrario: Ana Pastor, Elena Salgado, Bernat Soria, y ahora Cristina Garmendia, que junto con Carlos Martínez, vienen del mundo científico y saben de nuestras necesidades. En todo momento han sido facilidades, ganas de hacer. Pero el tiempo burocrático en España está totalmente retrasado y a veces me desespero a la hora de hacer un experimento aquí, porque los avances ocurren muy rápido y no puedes esperar a que se tomen ciertas decisiones políticas, eso es lo que echo de menos comparando Estados Unidos con España.


P. ¿A quién le resulta más difícil explicarle su trabajo?


R. Explicarle mi trabajo a la gente de la calle es muy difícil, y obviamente es un tema complejo. Aunque creo que hay un interés en la gente de la calle, porque esto es una manera de pensar que ciertas enfermedades se van a curar. Sin embargo, creo que se han generado unas expectativas exageradas, sobre todo para los pacientes, o para los familiares. Esta tecnología ahora mismo es una esperanza, no una realidad. Se ha generado un entorno económico, alrededor de estos pequeños resultados que no son nada, del cual se están beneficiando muchas personas económicamente, y que juega con la esperanza de los enfermos. Pero yo no me canso de repetir, es totalmente inadecuado pensar, con el poco conocimiento que tenemos ahora mismo, que se pueda dirigir esta investigación a la clínica. No se ha curado ninguna enfermedad con el uso de células madre y le falta muchísimo tiempo. Lo que sí me inclino a pensar es que, en un plazo de tiempo corto, esta tecnología va a permitir el 'screening' de moléculas que afectan a una enfermedad, es decir, probar múltiples fármacos en células de un paciente en el laboratorio, porque ahora lo tenemos que hacer con el individuo y en muchas ocasiones no podemos hacerlo o es muy lento. Creo que ese va a ser el primer producto de estas investigaciones, el obtener nuevos medicamentos para el tratamiento de ciertas enfermedades que hoy en día no tienen cura.



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